lunes, 22 de febrero de 2010

Y...







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Tu pelo.





Y yo que culpa tengo de que tu pelo se enrede en mis sueños...

Felicidad


Felicidad.
Felicidad es cuando el algodón de azúcar se me deshace en la boca y se enreda en mis dedos pegajosos, azucarados y no me importa porque sonrío recordando instantes preciosos de mi niñez en las ferias más lindas de una infancia irrepetible.
Felicidad es cuando me tumbo en la cama y llueve y tengo el reproductor en "SHUFFLE"
Y suena nuestra canción y la canto como si fuera mi último día en la tierra, con los ojos cerrados y el alma a flor de piel.
Felicidad es cuando me pinto los labios de rojo y salgo a la calle a gritarle al mundo que me encanta la vida.
Felicidad son los besitos que me da mi Frida, su ronroneo encima de mi barriguita, su "Miauwwwwwwww" cuando llego a casa y ella me dice que me extrañó.
Felicidad es crear pequeños tesoros con mis manos.
Felicidad es cuando escucho tus mensajes en mi contestador y las hormigas me invaden el cuerpo y sonrío y me sonrojo casi sin darme cuenta.
Felicidad son días de verano tomando helado de limón en el Balcón.
Felicidad es bañarme de noche en mi playa y que las estrellas adornen mis rizos.
Felicidad es tener la certeza de que habrá un segundo para arañar tu espalda, un instante para besar tus manos, un encuentro para saciar mis ganas.




Abigail López Torres

jueves, 18 de febrero de 2010

Algún lado.



Tan solo estoy esperando
que se moje más la luna
pa' que refleje más
el agua que limpia tus arrugas.

Deberías ver mi cara
llorando de la alegría
al verte sonreir
lavando la ropa sucia

Llevame a pasear con vos
Dame un poco de tu amor
Llevame a algún lado

Yo llevaré tu imagen
como tatuada en mis ojos
pa' no olvidarme más
de tu humanidad tan grande

Y corramos el camino
sin miedo a mirar los pozos
Lleguemos al lugar,
aquel que no observa nadie

Llevame a pasear con vos
Dame un poco de tu amor
Llevame a algún lado

Tan solo estoy esperando
que se moje más la luna
pa' que refleje más
el agua que limpia tus arrugas.


(Lisandro Aristimuño)

viernes, 12 de febrero de 2010

El día que tú no ardas de amor...‏







Recuerdo que al llegar ni me miraste,
fui solo una más de cientos
y, sin embargo, fueron tuyos
los primeros voleteos.

Cómo no pude darme cuenta
que hay ascensores prohibidos,
que hay pecados compartidos,
y que tú estabas tan cerca.

Me disfrazo de ti.
Te disfrazas de mí.
Y jugamos a ser humanos
en esta habitación gris.

Muerdo el agua por ti.
Te deslizas por mí.
Y jugamos a ser dos gatos
que no se quieren dormir.

Mis anclajes no pararon tus instintos,
ni los tuyos, mis quejidos.
Y dejo correr mis tuercas
y que hormigas me retuerzan.

Quiero que no dejes de estrujarme
sin que yo te diga nada.
Que tus yemas sean legañas
enganchadas a mis vértices.

Me disfrazo de ti.
Te disfrazas de mí.
Y jugamos a ser humanos
en esta habitación gris.

Muerdo el agua por ti.
Te deslizas por mí.
Y jugamos a ser dos gatos
que no se quieren dormir.

No sé que acabó sucediendo,
sólo sentí dentro dardos.
Nuestra incómoda postura
se dilató en el espacio

Se me hunde el dolor en el costado,
se me nublan los recodos,
tengo sed y estoy tragando,
no quiero no estar a tu lado.

Me disfrazo de ti.
Te disfrazas de mí.
Y jugamos a ser humanos
en esta habitación gris.

Muerdo el agua por ti.
Te deslizas por mí.
Y jugamos a ser dos gatos
que no se quieren dormir.

Me moriré de ganas de decirte
que te voy a echar de menos…
Y las palabras se me apartan,
me vacían las entrañas

Finjo que no sé, y que no has sabido.
Finjo que no me gusta estar contigo…
Y al perderme entre mis dedos
te recuerdo sin esfuerzo

Me moriré de ganas de decirte
que te voy a echar de menos.




(Zahara)

jueves, 4 de febrero de 2010

Silencio y Piel







Cierro los ojos un instante.

tu olor se mezcla entre mis delicias.

Parpadeos vivos y sonrisas.

Es nuestro pacto.

Silencio y piel.





Hoy me hago la muerta al estilo Frida. (Frida es mi gata.)



Abigail López Torres

miércoles, 3 de febrero de 2010

No puede dejar de Volar.





No, no lo siente, ella no siente el fastidio que os causa su intensidad, porque ella es muy intensa, en todo lo que hace, en todo lo que dice, en todo lo que siente.
No, no se arrepiente, ella no se arrepiente nunca de nada, de nada que ya esté hecho, ni siquiera de lo que no ha hecho, porque es exactamente lo que piensa hacer, quizás en un futuro próximo.
No, ella casi nunca se rinde, no se rinde porque le sobran fuerzas, le sobran ganas y le sobra valentía.
No, ella no pide perdón, no pide perdón por su pasión desbordada, porque ella es su pasión y su pasión es ella y las dos sangran por el mismo extremo cuando se sienten heridas.
No, ella no intenta justificarse, porque hay sentimientos que no tienen justificación, porque el alma a flor de piel no es justificable, porque perderse en el abismo de unos ojos no es justificable, porque rozar lo íntimo no es justificable, porque la imaginación del ser no es justificable.
No, ella no enjaula a sus pájaros, porque ella ama la libertad, porque cada cual es libre de sus actos, porque ella no puede dejar de volar.


Abigail López Torres

De que me sirve

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De que me sirve a mí,
Que hoy la luna brille con todo su potencial,
Que las estrellas sonrían y tengan ganas de bailar,
Que la noche sea tan cálida,
Si yo muero por llorar,
Si esta tristeza me ahoga,
Y no me deja pensar.
De que me sirve a mí,
Que hoy el mundo este feliz,
Que la gente se alegre de vivir,
Que sus ojos brillen como un bello candil,
Si yo no quiero seguir,
Si de todo me rendí,
Si nadie se acuerda de mí.
De que me sirve a mí,
Que salga temprano el sol,
Que siga latiendo el corazón,
Si el pobre se siente inútil,
Si le han negado el amor.
De que me sirve a mí,
Vivir para sufrir,
Amar sin obtención
Si con frío tú me apagas
Este intenso calor. 




Abigail López Torres

lunes, 1 de febrero de 2010

Fuegos incandescentes





A veces piensa que hubiese pasado si aquella tarde en la cafetería,
se hubiese levantado de pronto y hubiese leído las páginas de aquel libro que le regalaste en voz alta.
Seguramente la gente se le hubiese quedado mirando con asombro y tú ni te hubieses inmutado porque estabas acostumbrado a sus locuras y te encantaban.
A ella le hubiese gustado quemar tu traje, el de las reuniones, hacer una hoguera en mitad de la playa y bailar rodeada de timbales y guitarras, bailar hasta cansarse y luego ir derechita al mar, desnuda, sudada, ruborizada, con el corazón retando a la luna a ver cuál de los dos es más intenso.
A ella le hubiese emocionado cantarte una canción de su cosecha, que olieras su perfume en los tobillos, jugando despacito con su lengua, recostarte en su pecho y quedarte dormido.
A veces piensa que hubiese pasado si se hubiese negado a volver, atada a la pata de la cama, sentada, muy enfadada, o dándote la espalda, su espalda, la que arañabas sin ningún sentimiento de piedad. Seguramente tú ni te hubieses inmutado, acostumbrado a sus lloreras, 
ser monótono y de costumbres inquebrantables.
A veces piensa en su pelo, ese que jamás tocó, jamás acarició, jamás olió,
y le empieza a doler la nariz, la nariz llena de nostalgia por cosas que no pasaron.
Se pasa el día fotografiando trenzas de cuero en sus cabellos y lame la sal de un Agosto olvidado y sueña con el amor que aún no ha derrochado.


Abigail López Torres